
Las políticas activas de empleo, impulsadas a principios de los años 90 por el Instituto Nacional de Empleo, y consolidadas y transferidas después a casi todas las comunidades autónomas, siguen siendo la fórmula mejor para dinamizar el mercado de trabajo.
Pero nos queda seguir insistiendo en otro aspecto crucial si queremos desplegarlas con mayor eficacia. Me refiero a la necesidad de abordar de una vez por todas la famosa “segunda descentralización”. Y debería de hacerse ya en materia de Empleo y Desarrollo Local, que es lo que a nosotros como profesionales nos interesa.
Motivos estratégicos sobran: “hacia lo global, desde lo local” se pregona desde las instituciones europeas. Pero además, las entidades locales necesitan estar en posesión de medios suficientes para dinamizar su territorio, su propia realidad socioeconómica y cultural. Y hoy por hoy no es así, sino que cada año los ayuntamientos tienen que destinar presupuestos propios para ofrecer a sus ciudadanos servicios ajenos, los que el resto de Administraciones son incapaces de proporcionar.
Todo parecen dificultades. Es cierto que la estructura territorial de cada estado miembro de la Unión Europea tiene unas particularidades propias (el papel de las entidades locales en otros países europeos es indiscutible). Y no es menos cierto, que transferir competencias se confunde con dar poder a los alcaldes. En España, además, parece muy difícil conseguir esa segunda descentralización, cuando llevamos más de 30 años intentando resolver la “primera”.
Empecemos por reconocer el importante papel que asume la FEMP para lograr estos objetivos. Desde el colectivo de profesionales del empleo y el desarrollo local debemos apoyar en todo momento la labor de esta institución.
Otra baza importante a utilizar es la de algunos/as alcaldes y alcaldesas que han sido elegidos/as o designados/as para ocupar escaños en el Parlamento. Esperemos que cumplan con su trabajo, que para eso les pagamos.
El origen de la Democracia está en las ciudades. En España la Transición a la Democracia de los años 70 otorgó a las regiones históricas un poder merecido, pero no tanto como el que se podían merecer y se merecen muchas ciudades y pueblos.
En la foto tenéis la Brañosera, un precioso pueblo de la montaña palentina que aconsejo visitar, por su belleza y por ser el primer ayuntamiento de España, desde el año 824, más o menos la misma época en la que gobernó el primer Rey de Navarra, Iñigo Arista.
Pero nos queda seguir insistiendo en otro aspecto crucial si queremos desplegarlas con mayor eficacia. Me refiero a la necesidad de abordar de una vez por todas la famosa “segunda descentralización”. Y debería de hacerse ya en materia de Empleo y Desarrollo Local, que es lo que a nosotros como profesionales nos interesa.
Motivos estratégicos sobran: “hacia lo global, desde lo local” se pregona desde las instituciones europeas. Pero además, las entidades locales necesitan estar en posesión de medios suficientes para dinamizar su territorio, su propia realidad socioeconómica y cultural. Y hoy por hoy no es así, sino que cada año los ayuntamientos tienen que destinar presupuestos propios para ofrecer a sus ciudadanos servicios ajenos, los que el resto de Administraciones son incapaces de proporcionar.
Todo parecen dificultades. Es cierto que la estructura territorial de cada estado miembro de la Unión Europea tiene unas particularidades propias (el papel de las entidades locales en otros países europeos es indiscutible). Y no es menos cierto, que transferir competencias se confunde con dar poder a los alcaldes. En España, además, parece muy difícil conseguir esa segunda descentralización, cuando llevamos más de 30 años intentando resolver la “primera”.
Empecemos por reconocer el importante papel que asume la FEMP para lograr estos objetivos. Desde el colectivo de profesionales del empleo y el desarrollo local debemos apoyar en todo momento la labor de esta institución.
Otra baza importante a utilizar es la de algunos/as alcaldes y alcaldesas que han sido elegidos/as o designados/as para ocupar escaños en el Parlamento. Esperemos que cumplan con su trabajo, que para eso les pagamos.
El origen de la Democracia está en las ciudades. En España la Transición a la Democracia de los años 70 otorgó a las regiones históricas un poder merecido, pero no tanto como el que se podían merecer y se merecen muchas ciudades y pueblos.
En la foto tenéis la Brañosera, un precioso pueblo de la montaña palentina que aconsejo visitar, por su belleza y por ser el primer ayuntamiento de España, desde el año 824, más o menos la misma época en la que gobernó el primer Rey de Navarra, Iñigo Arista.
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